Cefeidas y la escalera cósmica

Hay estrellas que respiran: las cefeidas se hinchan y se contraen con un ritmo perfecto, y ese ritmo delata cuánto brillan de verdad. Comparar su brillo real con el aparente entrega la distancia. Con estas «velas estándar» se midió la Vía Láctea, se descubrieron las galaxias y se calibró la expansión del universo.

Velocidad2,0 d/s
Período de pulsación5,37 d
Distancia272 pc
Cefeidas reales
Período
Luminosidad real
Brillo aparente
Distancia

Una cefeida es una vela estándar: su período delata su luminosidad real (ley de Leavitt, aquí con la calibración real M = −2,43·(log P − 1) − 4,05), y comparar esa luminosidad con el brillo aparente entrega la distancia: m − M = 5·log(d/10 pc). Los cinco ejemplos reproducen las magnitudes históricas reales.

Las velas estándar del universo

Estrellas que respiran. Las cefeidas son supergigantes amarillas atrapadas en un vaivén: una capa de helio de su interior atrapa la luz, la estrella se hincha, la capa se vuelve transparente, la estrella se desinfla — y vuelta a empezar. El resultado es un pulso perfecto de días o semanas: subida rápida de brillo y bajada lenta, siempre igual. La primera, δ Cephei, se descubrió en 1784.

El hallazgo de Leavitt. Entre 1908 y 1912, Henrietta Swan Leavitt examinó miles de placas fotográficas de las Nubes de Magallanes — tomadas desde el hemisferio sur — y encontró la clave: entre las cefeidas de la Nube Menor, todas a la misma distancia, las de período más largo eran siempre las más brillantes. Período ↔ luminosidad: bastaba medir un ritmo para conocer un brillo real.

La escalera. La paralaje da la distancia de las cefeidas cercanas y calibra la ley; con ella, cada cefeida se vuelve un faro de potencia conocida: su brillo aparente delata la distancia de su galaxia. Y en esas galaxias, las supernovas Ia — visibles a miles de millones de años luz — heredan la calibración. Cada peldaño de la escalera cósmica se apoya en el anterior.

De Andrómeda a la tensión de Hubble. En 1923, Edwin Hubble encontró la cefeida V1 en la «nebulosa» de Andrómeda: demasiado lejos para pertenecer a la Vía Láctea — las galaxias existían. Un siglo después, el Hubble y el Webb miden cefeidas para fijar la constante H₀, hoy en tensión con el universo temprano. Y las Nubes de Magallanes que midió Leavitt siguen brillando, cada noche, sobre el cielo del Foster.