Cometas: dos colas y un solo Sol

Un cometa es una bola de hielo y polvo que despierta cuando se acerca al Sol — y entonces le crecen dos colas que no apuntan hacia atrás, sino lejos del Sol: al alejarse, el cometa viaja de cola. Elige un cometa real o diseña el tuyo, arrástralo por su órbita, y mira cómo la cola azul de iones sigue al viento solar mientras la cola blanca de polvo se curva sobre el camino recorrido.

Velocidad×1,0
Cometa
Distancia del perihelio (UA)0,59
Excentricidad0,967
Distancia al Sol
Velocidad
Período
Actividad

Las órbitas son elipses de Kepler exactas (la velocidad sale de la ecuación vis-viva), pero las colas están comprimidas para caber en pantalla: una cola real puede medir más de 1 UA. La cola de polvo se dibuja soltando granos a lo largo de la órbita reciente y empujándolos radialmente — por eso su curva aparece sola. El «rasante del Sol» es genérico: los rasantes reales (como Ikeya-Seki) rozan el Sol aún más de lo que la escala permite mostrar, y McNaught venía en órbita hiperbólica — no volverá jamás; aquí lo aproximamos con e = 0,995. El reloj es sincero pero práctico: lejos del Sol corre en avance rápido señalizado (a lo Kepler, ahí no pasa casi nada) y un perihelio rasante pasa a cámara lenta, también señalizada. Y la vista desde la Tierra supone un cometa grande, tipo Halley: uno pequeño como 67P sería mucho más débil de lo que muestra — y está orientada para el hemisferio sur (Santiago): la eclíptica sube desde el crepúsculo hacia el norte; un observador del hemisferio norte la vería invertida.

Bolas de nieve sucia con dos colas

Un cometa es un sobreviviente congelado de la formación del sistema solar: unos pocos kilómetros de hielos y polvo que pasaron 4.500 millones de años en el congelador. Los de período corto, como 67P, vienen del cinturón de Kuiper; los de período largo caen desde la nube de Oort, a medio camino de las estrellas vecinas. Cuando uno se acerca a unas 3 UA del Sol, el hielo de agua empieza a sublimar y el núcleo se envuelve en una atmósfera efímera: la coma.

Dos colas, dos físicas. El polvo liberado sigue órbitas propias: la presión de la luz solar lo empuja suavemente hacia afuera mientras se rezaga por el camino — por eso la cola de polvo es ancha, amarillenta y curva. Los gases ionizados, en cambio, quedan atrapados por el viento solar magnetizado y salen disparados casi en línea recta: la cola de iones es azul (brilla el CO⁺), delgada y siempre exactamente antisolar. Cuando el viento solar cambia de humor, puede incluso arrancarla entera.

La lección geométrica: las colas no apuntan «hacia atrás» como el humo de un tren — apuntan lejos del Sol. En la ida, el cometa las arrastra; en la vuelta, viaja de cola, con las colas por delante. Y la lección de Kepler: mira el velocímetro cerca del perihelio — un rasante puede superar los 500 km… por segundo. Halley, que barrió el cielo en 1986, volverá a encenderse en 2061: esta simulación te deja adelantar la espera.

Chile tiene historia con los cometas. En enero de 2007, el Gran Cometa McNaught — el más brillante en cuarenta años — desplegó su cola de polvo curvada como un abanico sobre el Pacífico al atardecer: desde Santiago se veía a simple vista, en pleno crepúsculo. Y su órbita era hiperbólica: pasó una sola vez y salió del sistema solar para siempre — el mismo tipo de trayectoria con que llegan los visitantes interestelares, que puedes explorar en El Vecindario Estelar. Hoy el sistema ATLAS patrulla el cielo austral cada noche buscando los próximos visitantes — y tarde o temprano anunciará otro gran cometa para el cielo de Chile.