Satélites y basura espacial
Justo encima de nuestras cabezas, en los primeros 2.000 km de altura, giran miles de satélites activos, cohetes agotados y fragmentos de basura espacial. Arrastra para girar el planeta y descubre lo concurrida que está hoy la órbita baja.
Categorías
Vista
En escena se muestra una muestra representativa. El catálogo real rastreado ronda los 46.000 objetos de más de 10 cm —de los cuales unos 16.000 son satélites activos (más de 10.000 son Starlink)—, y los modelos estiman más de 1 millón de fragmentos mayores de 1 cm y unos 140 millones mayores de 1 mm: demasiado pequeños para rastrearlos, pero capaces de destruir un satélite.
La órbita más concurrida
¿Qué es la órbita baja? La órbita terrestre baja (LEO, por sus siglas en inglés) abarca desde unos 200 km hasta unos 2.000 km de altura. Es una franja delgadísima —menos de un tercio del radio de la Tierra— y, sin embargo, es donde vive la inmensa mayoría de lo que lanzamos: la Estación Espacial Internacional (~420 km), los satélites de observación de la Tierra, y las grandes constelaciones de internet como Starlink (~550 km) y OneWeb (~1.200 km). Activa la opción «Altura a escala real» para ver lo pegado que está todo a la superficie.
Cuanto más bajo, más rápido. Por la tercera ley de Kepler, un objeto a 550 km completa una vuelta a la Tierra en unos 95 minutos, mientras que uno a 1.200 km tarda unos 110 minutos. En esta simulación los objetos más bajos se mueven visiblemente más rápido, igual que en la realidad. Cada objeto sigue un plano orbital con su propia inclinación: las órbitas casi polares (~98°) cruzan los polos, mientras que las de Starlink se inclinan unos 53° y no llegan a latitudes altas.
El problema de la basura espacial. Más de la mitad de los objetos rastreados ya no son satélites en funcionamiento: son cohetes agotados y fragmentos de antiguas colisiones y explosiones. Dos sucesos marcan todavía el cielo: el ensayo antisatélite chino contra el Fengyun-1C (2007) y la colisión entre los satélites Cosmos-2251 e Iridium-33 (2009), que entre ambos generaron miles de fragmentos rastreables en torno a los 800-900 km. Resalta esa altura con el control para ver la nube de basura.
¿Por qué importa? A velocidades de unos 28.000 km/h, una esquirla de apenas un centímetro golpea con la energía de un coche a toda velocidad. Si los choques generan más fragmentos que los que reentran y se queman en la atmósfera, podría desencadenarse una reacción en cadena —el llamado síndrome de Kessler— que dejaría ciertas órbitas inutilizables durante décadas. Por eso hoy se rastrea cada objeto con redes de radar en tierra y se calculan las aproximaciones peligrosas para apartar a los satélites a tiempo.
Recreación educativa y original, inspirada en la visualización de órbita baja de LeoLabs. La población de objetos es una muestra sintética estadísticamente representativa (no datos de seguimiento en tiempo real). Mapa de costas: Natural Earth (dominio público). Cifras: Oficina de Basura Espacial de la ESA (DISCOS).